Título: Los renglones torcidos de dios
Autor: Torcuato Luca de Tena
Sinopsis: Alice Gould es ingresada en un sanatorio mental. En su delirio, cree ser una investigadora privada a cargo de un equipo de detectives dedicados a esclarecer complicados casos. Según una carta de su médico particular, la realidad es otra: su paranoica obsesión es atentar contra la vida de su marido. La extrema inteligencia de esta mujer y su actitud aparentemente normal confundirán a los médicos hasta el punto de no saber a ciencia cierta si Alice ha sido ingresada injustamente o en realidad padece un grave y peligroso trastorno psicológico.
Opinión: Empecé a leerlo tras ver la película Shutter Island, libro y película tienen ciertas similitudes, constantemente te preguntas si los protagonistas están verdaderamente locos o no. Esta novela es entretenida y consigue “engancharte” de principio a fin, el presentarnos a tantos personajes como los pacientes mejora sustancialmente la historia, conocer a estos “locos” conmueve y a la vez disfrutas de su locura. Por otra parte hay buenos diálogos con los médicos, quizás a veces parecen demasiado forzados, pero no por ello dejan de ser interesantes. Recuerdo que el final me dejó con una sensación agridulce, pero en general es una buena historia.
Frase:
-Afirma usted, señora, carecer de motivos para haber intentado envenenar a su marido.
-En efecto. Nadie tiene motivos para destruir un espléndido objeto ornamental. Mi decepción, respecto a la vacuidad de su carácter, no puede obcecarme hasta el punto de negar que su exterior es asombrosamente perfecto. Créame que me siento orgullosa cuando leo en los ojos de otras mujeres un punto de admiración hacia su espléndida belleza. ¡Cierto que experimento la misma vanidad cuando alguien en el hipódromo elogia la armonía de líneas del caballo preferido de mis cuadras! ¡Y no se me ocurre por ello matar a mi caballo!
-En efecto. Nadie tiene motivos para destruir un espléndido objeto ornamental. Mi decepción, respecto a la vacuidad de su carácter, no puede obcecarme hasta el punto de negar que su exterior es asombrosamente perfecto. Créame que me siento orgullosa cuando leo en los ojos de otras mujeres un punto de admiración hacia su espléndida belleza. ¡Cierto que experimento la misma vanidad cuando alguien en el hipódromo elogia la armonía de líneas del caballo preferido de mis cuadras! ¡Y no se me ocurre por ello matar a mi caballo!
Puntuación: 8
Fdo. Pimiento
